Muñecos de peluche
En realidad, aunque vayamos disfrazados de adultos, con sólo rascar un poquito, en algunos casos, más, jejeje, aflora el niño/a que todos llevamos dentro, ese que nunca debemos dejar que se vaya, y al que siempre debemos escuchar, porque nos indica por donde ir.
Dicen que los niños, sobre todo los bebés, tienen ese sexto sentido que es la intuición muy desarrollado y aprenden enseguida, ese sexto sentido, conforme vamos creciendo, y vamos tejiendo nustro disfraz de adulto, lo vamos aparcando y a veces, muchas de ellas, no lo escuchamos, pero si nos paramos un poco, esa voz se puede escuchar, y te indica qué pasos debes seguir para ir hacia la felicidad poquito a poco, son pequeños pasos, pero uno va detrás de otro.
Y es que a veces, nos olvidamos de andar, de saber en qué día vivimos, nos desorientamos o nos perdemos en nuestras propias ideas o creencias, en lo que creemos que va a suceder y luego siempre nos equivocamos y sucede lo contrario a lo que hemos planeado. Porque la vida es magia y de ella aprendemos cada día, de las cosas que debemos hacer y dar ese paso. Cuesta mucho dar pasos hacia adelante, pero al final no queda más remedio que hacerlo en su momento y no demorarlo.
Hoy he ido a una tienda en la que arreglan muñecos de trapo, conservo a mi Tristón como oro en paño, hace 24 años que me lo regalaron y está super bien cuidado, con el paso del tiempo se ha desgastado un poco, pero ahí he visto que el niño ha vuelto a resurgir, de camino a la tienda lo he llevado con sumo cuidado, como si no quisiera hacer daño a mi infancia, le he pedido a la dependienta que me lo cuide, con poquitos arreglos quedará precioso, como siempre, brillante, él es el simbolo de mi infancia y de lo quiero en la vida. Parece mentira como se puede querer tanto a un perro de peluche, pero a la vez es bueno valorar lo que tenemos y hemos conservado como un tesoro, porque esa es nuestra vida, nuestros recuerdos.
Ahora se me pasaba por la cabeza una anécdota, y es que mi tía, iba muy apenada durante estos últimos años, cuando vendió su casa en la que había pasado la mayor parte de su vida, más que la pena de la venta de la casa, para ella era como si hubiera vendido su vida, sus recuerdos, todos le decíamos que mejor, que una preocupación menos, pero en el fondo la entiendo, un desgarro en algo que consideras que forma parte de ti, hace un daño terrible, aunque sea algo banal.
En definitiva, lo bonito de estar disfrazado de adulto, es que ese niñ@, siga brillando en su esplendor, y hacerle caso. Porque muchas veces lleva razón. Un post muy filosófico, jajaja.
Besos filosóficos!!!





nazul dijo
Que nunca perdamos ese niño-a que llevamos dentro! y sobretodo esa capacidad para emocionarnos o saber valorar lo que ha formado parte de nuestras vidas.
Yo conservo algunos peluches que se los pasaré a mi pequeñina.
Besos de color azul
19 Noviembre 2009 | 04:54 PM